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Álvaro Carbajal: “La política siempre será polémica”

A casi dos semanas del balotaje de las elecciones presidenciales en Perú, todavía el Jurado Nacional de Elecciones no ha realizado la proclamación final de los resultados entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez. Aunque, según el conteo casi total de las actas electorales, Fujimori sería la próxima virtual presidenta del país andino, para el siguiente quinquenio.

Al respecto, ¿cómo será la relación entre los poderes Ejecutivo y Legislativo, pronto bicameral, en los próximos cinco años? “Keiko Fujimori tiene una mayoría en el Senado, sobre todo, que la blinda, pero su grupo de senadores puede no ser sólido. Un ejemplo, antes de la segunda vuelta presidencial renunció una congresista de Fuerza Popular [Vivian Olivos] y llamó a los electores a votar por Roberto Sánchez, el candidato contrario”, manifestó a Infopangea el politólogo Álvaro Carbajal Rosas.

Según el especialista en ciencias políticas, aunque las bancadas, en diputados y senadores, de Fuerza Popular (partido político que lidera Fujimori) pueden darle a ella una mayor estabilidad, “no necesariamente se asegura que culminará los cinco años de gestión, pero sí posiblemente tendrá un período de ‘luna de miel’ más largo”.

¿Considera conveniente tener un Parlamento bicameral en el Perú después de más de 30 años?
Sobre el tema, nunca hubo un consenso. En el ámbito académico se apoya al sistema bicameral, ya que modera la legislación, es más reflexivo y evita la sobreproducción de leyes. Recordemos que, en el período unicameral, que está por concluir, se producía una sobreproducción de leyes. En el caso bicameral hay un mayor control y, sobre todo, habría una mayor reflexión de las leyes antes de aprobarlas. En cuanto al control político, en especial, en el caso de la vacancia presidencial, con el unicameralismo, la admisión y la vacancia eran votados por la misma cámara. Ahora con una cámara más, el Senado, será completamente distinto. El argumento en contra del bicameralismo, además de haber sido rechazado en un referéndum por la mayoría de los electores, es el mayor presupuesto que se necesitará para su operatividad y los casos de corrupción presentados en los últimos años. En teoría, el bicameralismo es más saludable, pero nunca es popular.

Pese a ser impopular, ¿es viable la bicameralidad en el Parlamento?
Considero que es una medida conveniente, pero mantengo mis reparos en el poder que se otorga al Senado. Constitutivamente, para los congresistas que aprobaron esta ley, podría otorgar más estabilidad en el caso se quiera vacar a un presidente de la república.

¿Cuál ha sido el mayor perjuicio político de las sucesiones presidenciales que han ocurrido en los últimos diez años en Perú?
Sin duda, el mayor perjuicio ha sido la inestabilidad gubernamental. Las políticas de Estado y de Gobierno no pueden mantenerse, ya que este último puede implementar sus políticas, pero al ser vacado o renunciar, el siguiente Gobierno deberá redefinir sus propias acciones políticas. Todo eso sin tener en cuenta, además, el tiempo de parálisis que genera la asunción de un Gobierno, ya que el nuevo mandatario tiene que nombrar a su gabinete ministerial y viceministros, redefinir su política de Gobierno y hasta antes del bicameralismo, pedía el voto de confianza al Congreso de la República. Evidentemente, el mayor perjuicio para el país es la parálisis.

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Carbajal: “Ciertamente, la institución presidencial no tiene el poder necesario para gobernar y actúa como una figura decorativa”. / Foto: Congreso de la República.

“Una impredictibilidad dañina”
Sobre el debilitamiento de la administración pública producto de las constantes sucesiones presidenciales en nuestro país, ¿qué efectos produce?
Es muy dañino, sobre todo, para el ámbito privado y las inversiones que siguen la predictibilidad. Los constantes cambios de Gobierno ofrecen una impredictibilidad dañina. Al rotar constantemente los funcionarios públicos, es imposible mantener una línea política predecible. Por ejemplo, en el caso del expresidente Pedro Castillo, que enarbolaba una política de Gobierno que incluía la Segunda Reforma Agraria y Salud Universal, luego de ser vacado por el intento de autogolpe, asumió el cargo Dina Boluarte y actúo contrariamente. Esa impredictibilidad tampoco ayuda. Otro ejemplo, se esperaba que Boluarte, dada su afinidad con el Congreso, terminaría su gobierno en el 2026, pero fue vacada un año antes. Posteriormente, asumió la presidencia José Jerí, quien tampoco llegó a concluir su período presidencial porque fue censurado y renombrado en su lugar José Balcázar. Esa incertidumbre existe, el país se mantiene en piloto automático y sin realizar grandes cambios que requieren más tiempo.

¿Cuál es su balance sobre la conflictividad social que atravesó el país en la última década?
Sobre el tema, el punto crucial fue el 2022, cuando Castillo intentó dar el golpe de Estado y luego fue vacado por el Congreso. Inmediatamente, asumió el cargo Dina Boluarte, quien, en su momento, prometió renunciar a la vicepresidencia de la república si, en algún momento, Castillo era vacado. De esta manera, la población decía “me han robado” porque hemos votado por alguien que no ha terminado su gobierno. En esa línea, ¿cómo se puede garantizar que mi voto se respetará? Y, ahora, la situación es peor, con las iniciativas para suspender la segunda vuelta electoral, los proyectos de ley para anular la primera vuelta, etc. Todo eso también impacta y la población siente que su voto no es atendido, sobre todo, los residentes de las zonas rurales del país que quieren ser silenciados a través de mecanismos de las autoridades, en especial, del Congreso de la República y los partidos políticos de cierto sector.

¿Y cómo analiza la inseguridad ciudadana en un entorno de constantes cambios de ministros del Interior y una Policía Nacional de Perú afectada su moral y operatividad?
La seguridad ciudadana es un caso cuando no hay una línea clara de Gobierno. Por ejemplo, el expresidente Pedro Castillo, primero, tenía ministros más progresistas o de izquierda, como Avelino Guillén y Mirtha Vásquez, pero, posteriormente, se volvió más conservador cuando designó ministro a Alfonso Chávarri. Después, Dina Boluarte trató de organizar una especie de Plan Bukele llamado Plan Boluarte, que finalmente no dio resultado. Luego, asumió la presidencia José Jerí y su ministro del Interior buscó bukelizar más el país. Finalmente, asumió la presidencia Balcázar, quien desempeñó un enfoque más ligero comparado a su antecesor. Estas idas y venidas desorientan al personal policial, aunque se mantenga la cabeza y la estructura jerárquica dentro de la institución.

“Ninguno de los candidatos generó entusiasmo”
Entre las propuestas políticas de Fujimori y Sánchez, ¿quién generó mayor expectativa, credibilidad o entusiasmo en los electores peruanos?
Las dos [propuestas] están parejas. Ciertamente, en los últimos días previos al balotaje, el antifujimorismo, sobre todo, tuvo que cambiar su voto de blanco o viciado a elegir a Sánchez, tal es el caso de Salvador del Solar y César Hildebrandt, quienes anunciaron que votarían por él. Por otro lado, familiares y gente del entorno de Keiko Fujimori, como su hermano Kenji, se distanciaron de ella. Por eso, ninguno de los candidatos generó más entusiasmo que el otro. Ambos representan proyectos conservadores. El argumento que hubo es que, si ganaba Sánchez, tendríamos caos y choques sociales en el país, pero si gana Fujimori, habrá copamiento del poder en las instituciones.

¿Qué hay, entre líneas, cuando los ciudadanos afirman sobre un gobernante “prefiero que robe o sea corrupto, pero que haga obra”?
Para mí, es un pensamiento negativo, ya que se avalaría estos actos de corrupción. Es como perdonar delitos por un bien mayor, pero, al contrario, lo que se tiene que exigir al político es que gobierne bien. Ciertamente, un gobierno siempre será polémico, porque la política siempre es polémica, pero sin caer en delitos. Por ejemplo, el gobierno de Valentín Paniagua fue apoyado por muchos y odiado por otros, pero no se cometieron delitos. La política siempre será polémica, pero no hay necesidad de perdonar delitos, para decir que un político gobernó bien.

¿Por qué la política siempre es polémica? ¿Es un fenómeno peruano o latinoamericano?
Diría que [la polémica] es inherente a la política, no solo en América, sino también en Europa. Tenemos, por ejemplo, los casos de Brasil entre el bolsonarismo y el antibolsonarismo, o entre Lula y Bolsonaro. En Chile, también había preferencias por los sectores de derecha e izquierda. En Colombia, lo vemos con De la Espriella y Cepeda, representantes de la derecha y el oficialismo de izquierda, respectivamente. Se trata de un fenómeno global que es positivo hasta cierto punto, siempre y cuando se mantenga dentro de los cauces institucionales. Cuando se traspasan estos cauces, lo cual deriva en violencia, ciertamente es negativo, por eso, la polémica es un fenómeno inherente a la política. Incluso, en países como Estados Unidos, existen dos partidos políticos que representan justamente la división de la sociedad. No necesariamente es que sea bueno ni malo [la polémica en la política] porque dependerá de la intensidad.

“El bicameralismo es más saludable, pero nunca es popular”.

Algo común en los balotajes de elecciones presidenciales son los antivotos, los votos blancos y viciados. A su criterio, ¿son válidas estas expresiones ciudadanas?
El antivoto es una opción válida, sobre todo, en segunda vuelta, así como votar en blanco o viciar el voto. Hay gente que legítimamente afirmaba que ambos candidatos presidenciales [Fujimori y Sánchez] son malos y, por eso, prefirieron viciar sus votos. De hecho, Carlos Meléndez escribió un libro al respecto [El mal menor. Vínculos políticos en el Perú posterior al colapso del sistema de partidos], en 2019, en donde expuso que existe una tendencia a votar en contra de quien yo no quiero que salga elegido, en vez de por quien yo prefiero. Esta realidad, también sucede en otros países, en especial, en las segundas vueltas presidenciales. Por ejemplo, en Colombia, el uribismo ha llamado a votar por De la Espriella o, en Chile, Johannes Kaiser llamó a los chilenos a votar por Kast, un político afín. No comparto todas las ideas del candidato que apoyo, pero ante un mal mayor, que es el candidato rival, prefiero aliarme con el otro candidato similar a mis preferencias. Ese es el mensaje.

“Existe mucha fragmentación en el interior del país”
¿Cómo será el impacto de estas elecciones generales frente a los comicios regionales y municipales, en octubre de este año?
Es un fenómeno curioso porque Fuerza Popular es un partido que tiene muy buen desempeño en todas las elecciones generales. Desde el 2011 siempre ha logrado colocar, antes congresistas, ahora diputados y senadores, pero a nivel municipal o subnacional, nunca llegó a tener esa fuerza. En el caso de Juntos por el Perú, posiblemente suceda lo mismo, ya que, en las elecciones subnacionales, participarán los movimientos políticos regionales. Estas organizaciones quitan espacio a los partidos tradicionales y son muchas veces quienes ganan alcaldías y gobernaciones regionales. El impacto no necesariamente sería directo, ya que existe mucha fragmentación en el interior del país. En general, una tesis de las líneas políticas es que en Perú no existen partidos políticos, salvo Fuerza Popular, pero en teoría no existen estas agrupaciones que son organizaciones a las que se pliegan muchos políticos, para iniciarse en la política.

¿Por qué motivos, en las últimas décadas, los partidos políticos no perduran en el tiempo?
Existe un consenso que yo comparto. Eso sucedió, sobre todo, un poco antes de la época de los 90, con Ricardo Belmont y Alberto Fujimori, tiempo en donde se iniciaron los discursos antipartidos y antistablishment, que terminó con Fujimori como presidente, quien posteriormente se convirtió en dictador tras el autogolpe, y terminó retornando a los partidos políticos. Ese discurso del outsider, de ser distinto al resto, se mantuvo posteriormente y no solo ocurrió en Perú porque en varios países el sistema de partidos “estables” se rompió. Tenemos el caso de Boric, en Chile; Petro, en Colombia; Milei, en Argentina; y Bukele, en El Salvador. Es una tendencia cada vez más frecuente en nuestra región.

Siempre en el tema electoral, el término “no me representa”. ¿Es una expresión vinculada a las últimas generaciones de nuestro país o es un fenómeno latinoamericano?
Es interesante porque considero que Perú es un caso muy extremo de ese fenómeno. Recordemos que, de todo el padrón electoral, solamente los votos de los dos primeros candidatos presidenciales que pasaron a segunda vuelta representan el 25 % aproximadamente, es decir, para el 75 % de los electores existían otras opciones más moderadas o, tal vez, más radicales. En ese sentido, si se afirma “no me representa” es porque ciertamente [Fujimori y Sánchez] no eran las primeras opciones y están votando por el llamado “mal menor”. Eso puede cambiar, por ejemplo, si nadie votó por Martín Vizcarra [sucesor de Kuczynski], quien finalmente terminó con 69 % de aprobación.

¿Qué presidente peruano ha desempeñado una mejor gestión ejecutiva en los últimos 10 años?
Para desempeñar una buena gestión, se requeriría un poco más de fuerza en el Parlamento, que no la tuvieron Kuczynski, Vizcarra, Merino, Sagasti y Castillo. Sin embargo, Vizcarra y Sagasti fueron los que más esfuerzos realizaron para mantener la institución presidencial. Ambos no se desempeñaron, por decirlo, como mesa de partes del Congreso y, al mismo tiempo, no redujeron la capacidad del Estado.

¿Y quién fue el peor mandatario?
Descontando a Manuel Merino que duró una semana, los peores y, por distintos motivos, han sido los tres últimos, es decir, Pedro Castillo, Dina Boluarte y José Jerí. Castillo, por reducir el nivel de la meritocracia estatal y terminar con un golpe de Estado, que fue lo peor que pudo hacer. En el caso de Boluarte, por una gestión en piloto automático, no comunicaba lo que hacía, se mostraba distante con la población e incluso hasta soberbia, en algunos casos. Por su parte, Jerí comunicaba algunas de sus acciones, su Gobierno fue breve y estuvo plagado de escándalos de corrupción. Los tres últimos presidentes tuvieron gestiones más deficientes. Por si fuera poco, el presidente José María Balcazar sigue la misma línea de los nombrados.

Europa Press ONPE Infopangea
Según Carbajal Rojas, los ciudadanos han votado en la segunda vuelta presidencial, una vez más, con un ánimo pesimista. / Foto: Europa Press.

“Hay una tendencia hacia la indiferencia”
Al respecto de la primera vuelta electoral presidencial, ¿considera que hubo irregularidades o fraude?
En realidad, lo que sucedió es que del 100 % de mesas de sufragio se instalaron el 99,7 %, es decir, no se habilitaron las mesas que equivalían a 63 000 votos, que representa el 0,2 % del padrón electoral. Como este suceso ocurrió en Lima, entonces el tema produjo un mayor énfasis y una gran difusión en los medios de comunicación. Sí me queda claro que no hubo fraude, porque, primero, se necesitaría ser sistemático y, segundo, que exista una presencia sobre todo gubernamental, como sucede, por ejemplo, en Venezuela, Rusia y los regímenes autoritarios cerrados, donde los Gobiernos controlan los sistemas electorales. Eso aquí no sucedió. En el Perú, ocurrieron hechos puntuales que estadísticamente no alteraron los resultados, pero se exageraron por cierto sector de la prensa.

¿Tiene confianza en el proceso electoral presidencial que todavía no concluye?
Personalmente, sí. Considero que no hay ningún indicio para dudar de los resultados, gusten o no. Por ahora, no hay ninguna sospecha para decir que los resultados que se proyectaron en la primera vuelta y en el balotaje han sido alterados. No existe ningún indicio.

¿Cómo ha visto el ánimo y el comportamiento de los ciudadanos en las urnas en la primera y segunda vuelta?
Considero que los ciudadanos han votado en la segunda vuelta presidencial, una vez más, con un ánimo de pesimismo, ya que alrededor del 75 % no tenía ninguna preferencia por ninguno de los dos candidatos. En los últimos años, se ha visto una tendencia, en parte, por la represión estatal y el propio desgaste de la población. Hay una tendencia hacia la indiferencia.

Se genera un clima social de apatía, desesperanza, desinterés
El clásico, ¿qué importa el Gobierno, si no hace nada por mí?

¿Y cómo se puede revertir esa situación en nuestro país?
Involucrando a la población con políticas efectivas y evitando peleas innecesarias. Ciertamente, pugnas siempre van a suceder, por los bandos políticos que existen, pero se tienen que generar políticas que, de verdad, apoyen a la población, como Beca 18, Pensión 65 y otras políticas asistencialistas. Cuando el Estado se acerca a la población, entonces los ciudadanos no se sienten solos ni desvalidos. Esa sensación es positiva, porque fomentará, por ejemplo, el pago de impuestos y la colaboración con el Estado en materia de seguridad. A más confianza de la población, más favorecimientos por parte del Estado.

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