En el marco de su primera gira internacional tras haber asumido el papado en mayo pasado, el papa León XIV visitó (1 de diciembre) el Monasterio de San Maroun (Annaya, Líbano) y oró ante la tumba de san Charbel Maklūf, un sacerdote, monje y ermitaño católico maronita que vivió en el Líbano en el siglo XIX.
“El Espíritu Santo lo moldeó para que enseñara la oración a quienes viven sin Dios, el silencio a quienes habitan en medio del bullicio, la modestia a quienes viven para aparentar y la pobreza a quienes buscan las riquezas”, sostuvo su santidad en referencia a este santo.
En su alocución ante la citada tumba, los obispos y ministros ordenados, el sumo pontífice dijo: “San Chárbel nos recuerda las exigencias evangélicas de nuestra vocación. Sin embargo, su coherencia, tan radical como humilde, es un mensaje para todos los cristianos”.

“Consuelo, perdón y consejo”
En otro momento de su mensaje, León XIV destacó que san Chárbel Maklūf “nunca dejó de interceder por nosotros ante el Padre celestial, fuente de todo bien y de toda gracia”.
“Ya desde su vida terrena, muchos acudían a él para recibir del Señor consuelo, perdón y consejo. Tras su muerte, todo esto se multiplicó y se ha convertido en un río de misericordia”, puntualizó el obispo de Roma.
“San Chárbel nos recuerda las exigencias evangélicas de nuestra vocación”.
Posteriormente, el sucesor de Pedro expresó su intención de confiar la intercesión de san Chárbel las necesidades de la Iglesia, del Líbano y del mundo. “Para la Iglesia pedimos comunión, unidad; empezando por las familias, pequeñas iglesias domésticas, y luego en las comunidades parroquiales y diocesanas; y también para la Iglesia universal. Comunión, unidad. Y para el mundo pedimos paz”.
“No hay paz sin conversión de los corazones”, señaló el papa en alusión a la intercesión de los santos como san Chárbel Maklūf, “para el Líbano y todo el Oriente Próximo”.
“Gracias a Dios por el don de san Chárbel. Gracias a ustedes que conservan su memoria. ¡Caminen en la luz del Señor!”, finalizó el primado de Italia en el Monasterio de Annaya, lugar que describió como “una casa de oración” que atrae por su “austera belleza”.
Fuente: Vatican.va.

