La Unesco se constituye en un objetivo y una herramienta “para continuar hoy esta tarea, con un compromiso aún mayor, de acuerdo con nuestros múltiples ámbitos de actividad”. Así lo afirmó el papa León XIV en la sede de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco, por sus siglas en inglés) en París, Francia.
En el primer día de su visita al citado país europeo, el sumo pontífice se presentó en la Unesco, en donde destacó el rol de esta organización mundial “como un lugar donde la humanidad reflexiona sobre sí misma, sobre su historia y sobre su futuro”.
“Es imposible promover la educación, las ciencias y la cultura sin promover la vida del hombre y de la mujer, quienes son sus protagonistas. En el ámbito de la educación, la Iglesia católica aporta una experiencia muy antigua: desde hace siglos, sus comunidades abren escuelas y universidades, enseñan a leer y a escribir, y están presentes incluso en los lugares más pobres y remotos”, añadió.
“¿Qué significa ser humano?”
Ante una sala llena con 1 400 asistentes y en presencia de los presidentes de la Conferencia General y del Consejo Ejecutivo de la Unesco, León XIV señaló que “conviene explorar una pregunta fundamental que nos interpela con urgencia: ¿Qué significa ser humano? Todas las culturas se ven interpeladas por este interrogante, que se encuentra en el núcleo de toda forma de conocimiento, de todo arte y de toda religión”.
“Incluso en el siglo XXI, no podemos dar por sentado que sabemos quién es la persona humana o qué significa vivir como ser humano”, acotó.

“Todos somos hermanos y hermanas”
Sobre el significado de la persona humana, su santidad manifestó que el ser humano revela “en primer lugar, ser un hijo”.
“Como hijos, todos somos hermanos y hermanas. Desde el principio, nuestra humanidad es un don y una prueba, una promesa y una responsabilidad. Para cada ser humano, el nacimiento establece un vínculo primordial, una comunión de vida que tiene su origen, y su primer entorno educativo, en la familia”, subrayó.
“Es imposible promover la educación, las ciencias y la cultura sin promover la vida del hombre y de la mujer, quienes son sus protagonistas”.
En su alocución, el vicario de Cristo indicó que, desde nuestro nacimiento, los seres humanos nacemos “necesitados de pan y de palabras, de cuidados y de afecto; es decir, de todo aquello que nutre el cuerpo y el espíritu”.
“Sin embargo, al volvernos adultos, corremos el riesgo de olvidarlo. Olvidar las circunstancias de nuestro nacimiento oscurece la idea misma de la vida humana, porque separa la vida de la historia que todos compartimos. Entonces, esta vida ya no se entiende como un don, sino como un producto”, anotó.
Posteriormente, el obispo de Roma expresó a los asistentes reunidos en la Sala I de la sede de la Unesco: “Quienes se dedican a la educación, la ciencia y la cultura están llamados, con mayor razón, a cuidar de cada persona, para que resplandezca la belleza de nuestra libertad. Esta belleza tiene un nombre: justicia”.
El santo padre también precisó que, con el trabajo del ser humano, “se puede cultivar la tierra o desfigurarla, crear obras de arte o destruirlas”.
“En este momento concreto, debemos reconocer que la más terrible de las “obras humanas” es la guerra; porque en ella la propia ciencia queda puesta al servicio de una voluntad inhumana de destruir y de matar”, subrayó.
Fuente: Vatican.va.

